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Juan Pablo II en la memoria de los católicos cubanos

Del 26 al 28 de marzo próximo se anuncia una visita pastoral de Benedicto XVI a Cuba, siguiendo así las huellas del inolvidable viaje a la isla de su antecesor, Juan Pablo II, en 1998.
Juan Pablo II visitó Cuba entre el 21 y el 25 de enero de 1998. Miles de periodistas, camarógrafos y reporteros transmitieron al exterior, para diversas cadenas de televisión y medios de prensa, las imágenes de un Papa y de un líder comunista que parecían dejar a un lado diferencias aparentemente irreconciliables para estrecharse las manos por segunda vez.
En Cuba no se hablaba de otra tema, y no sólo por el hecho mismo de la visita del Sumo Pontífice sino porque estaban sucediendo cosas inconcebibles en otro momento, como la imagen de un Cristo monumental levantándose junto al Che y José Martí en la Plaza de la Revolución, escenario de los más importantes discursos del presidente Fidel Castro en los últimos 39 años.
Contrario a las especulaciones que aseguraron que el gobierno de Fidel Castro haría todo lo posible por impedir la visita del Santo Padre, en el mes de enero las autoridades dieron luz verde a una ofensiva sin precedentes en este país. Para sorpresa de muchos, Castro en persona, presentó ante las cámaras de la televisión una imagen del Papa como ''ángel de los pobres'' y convocó a los cubanos a asistir a las misas del Santo Padre.
Antes de la visita de Juan Pablo, algunas personas vinculadas al gobierno, pensaban que la misa del papa, en la Plaza, sería solo ante un pequeño grupo de personas. La magnitud de su impacto en el pueblo y la conmoción que origino su visita, escapaba aún a los mas expertos. La estancia de Juan Pablo, fue, entre otras cosas, una fiesta de la libertad.
Como era de esperar, la visita del jefe de la Iglesia Católica a la isla trascendió los marcos de lo estrictamente religioso, para entroncarse con muchos de los aspectos que hoy preocupan tanto al cubano "de a pie", como a la alta dirigencia del país. Todos esperaban algo de la visita del Santo Padre y especulaban sobre su saldo final.
Algunos confiaban en que su presencia contribuiría al mejoramiento de las personas a nivel espiritual, otros aspiraban a que su gestión acelerara el fin del embargo comercial de los Estados Unidos y propiciara la prosperidad, mientras los religiosos esperaban ganar más espacio para su Iglesia.
"El Papa Juan Pablo II viaja a Cuba para animar y confortar en su fe a los cubanos y no para desestabilizar o validar un sistema político y, mucho menos, para competir en protagonismo con el presidente Fidel Castro", aseguró el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, en su última conferencia de prensa antes del arribo del Santo Padre.
Para los sectores más anticastristas del exilio cubano en Estados Unidos, el viaje papal se convertiría en una ''bendición'' al régimen de Castro, que vería reforzada su posición internacional.
Se habló también sobre una negociación entre dos hábiles políticos de nuestro tiempo que intercambiaban espacio para la Iglesia Católica en la sociedad cubana por presión a favor del levantamiento del bloqueo de Estados Unidos a la isla.
¿Quiénes, en fin de cuenta, se vieron satisfechos en sus expectativas? Aunque las opiniones aún son muy diversas, pero lo cierto es que Karol Wojtyla dijo lo que tenía que decir sobre libertad religiosa, derechos humanos, moral, reconciliación y, como Castro esperaba, condenó duramente el bloqueo de Estados Unidos contra la isla.
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